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👋
“porque he esperado mucho y he sufrido, me sobarás la cabecita y me besarás el cuello, y me dirás las mil razones de tu necesidad de mí, me instruirás, me indicarás en la dirección que ahora quieres ir. Ven, ven por mí.”
— Andres caicedo (via nirvanamartinz)
23 de septiembre
«No puedo leer ni escribir ni hacer nada. Estoy tensa y hambrienta y deseosa de aniquilarme. Adiós a la poesía y a todo. Quiero morir. Que me pase algo. Que me acuchillen. Que me pongan ventanas y puertas y que las abran. Me asfixio dentro de mí.»
— Alejandra Pizarnik, Diarios
Estoy tan lejos de mi cuerpo,
noto tanta distancia entre el rostro y el alma,
que a veces me miro en el espejo
y no me veo,
pero me conozco.
Soy frágil y pequeña:
preciso de una mano que acaricie mis decisiones.
Crezco,
pero necesito sostener mi infancia un poco más.
No soy nadie sin el resto
y me asusta saberlo.
Imagínate reconocerlo.
Siempre que escribo sobre mí
termino rizando las pestañas a otras musas:
mi punto débil soy yo misma,
entera.
Soy la aguja de mi pajar.
No quiero saber quién soy.
Soy nadie sin mi hermana.
Soy nadie sin mi madre.
Soy nadie sin mi padre.
Soy nadie
si no sé decírselo.
No sé decírselo
si soy nadie.
Busco que me quieran
pocos,
muy pocos,
por quién soy,
y que la admiración no pase del qué.
Las multitudes me provocan tristeza
y los silencios me paralizan.
Mi inseguridad necesita un espejo cada día
que le recuerde
que el rechazo también es una segunda oportunidad.
Me aterran las penas de las personas que quiero,
me oprimen el pulmón
y me tiran del pelo.
Tengo insertadas en mi garganta
multitud de tristezas ajenas
como agujas del revés
atravesando almohadas.
Cómo no voy a escribir sobre otros
si construyen mi pecho
edificándolo en el infierno.
Cómo voy a superar
la muerte de mis plantas,
de aquel pez que tuve hace unos años,
de aquella tortuga que murió al mes de llevarla a casa.
Cómo voy a superar
el dolor de mi otro brazo,
la puta injusticia que subraya el azar,
las ausencias consentidas,
esa pena que es un latido constante y silente
y deja ronca a mi cabeza.
Cómo voy a hacerlo
si vivo en una carrera constante con lo que aun no me ha pasado,
y siempre gano,
y siempre pierdo.
Ven a acariciarme el pelo,
por favor,
que me pesa
demasiado
el corazón
y otra vez acabé besando a otros
después de mirarme en el espejo.
“Admito que me consumió, me despedazó, me destrozó. Pero también admito que me hizo mirar hacia delante y entender que todo en esta vida tiene un motivo. Y que, cuando has sufrido mucho, llega el día en el que todo empieza a doler menos.”
— Mario Benedetti. (via enana-actitud-de-vivir-mejor)
“No estoy. No la conozco. No quiero conocerla. Me repugna lo hueco, la afición al misterio, el culto a la ceniza, a cuanto se disgrega. Jamás he mantenido contacto con lo inerte. Si de algo he renegado es de la indiferencia. No aspiro a transmutarme, ni me tienta el reposo. Todavía me intrigan el absurdo, la gracia. No estoy para lo inmóvil, para lo inhabitado. Cuando venga a buscarme, díganle: “se ha mudado”.”
— “Visita” - Oliverio Girondo (via sonnyempires)
“[Food] is one of my persistent obsessions that had its source in my childhood. I was a child who did not want to eat. My parents were desperate. They would pour fish oil, fortified wine and various other liquids into me to enhance the taste of food, and they would send me to ‘fattening’ camps and other such places. I ended up so weakened and bony that I could not stand and my mum had to push me in a wheelchair. I was not even accepted in school. Besides, a chewing mouth is quite a fitting symbol of this aggressive, all-devouring civilization.” [x]
“Food is perhaps the most apt symbol of our civilization because in its insatiable aggression, our civilization consumes everything around us: nature, animals, whole ethnic groups, cultures… everything gets digested in its utilitarian maw only to be excreted as money—the excrement of our times. Just like a small child our civilization considers its excrements to be the most valuable product it managed to squeeze out, and uses it to reward its favorites.” [x]
— Jan Švankmajer on the recurrent theme of food in his films.